jueves, diciembre 15, 2005

El "Populismo" como modelo autoritario frente a la construcción del poder "desde Abajo".



Por Jorge Alberto Reyes López
UNAM-FFyL
Colegio de Filosofía


1. DEL POPULISMO A LA “CONSTRUCCIÓN DEL PODER DESDE ABAJO”.

Suscribo mi presente intervención al tema del “populismo” como fenómeno eminentemente político, que lejos de ser exclusivo de América Latina (AL)en los 30’, y más allá de reunir elementos que la caracterizan como tal (Alan Knight, 1994: 51), en función de las descripciones históricas que puedan unas veces mejor que otras adecuarse con dichos atributos abstractos, que puede intentarse ver en dos momentos primeros: a) como sistemas históricos que estando en el poder han representado ciertos modos de ejercer el poder político en las acciones y decisiones del Estado, y que deben ser descritos con rigor histórico a fin de mostrar los conflictos y limitaciones propias de dicho sistema concreto; este punto nos muestra como algunos gobiernos populistas de AL pueden caracterizarse no por “ejercer el poder delegadamente del pueblo”1, sino por suscribir un aparente “gobierno popular” (con respaldo y legitimación al principio ciertamente, casos Perón, Vargas, Cárdenas, etc.), que utiliza a las masas y al pueblo como “catapulta política” pudiendo así llegar al poder institucional. Si bien reivindicando ciertas peticiones y cuestiones populares, necesarias para “dejar en paz al monstruo” (Reforma agraria, nacionalización de ferrocarriles, del petróleo, etc., como en el caso de Cárdenas), pero sólo como necesidad estratégica, sin construir las mediaciones políticas y económicas necesarias no sólo para un primero y obligado desarrollo material y social del pueblo, sino para la creación de aparatos institucionales que, ya sea por medio de la educación estatal y por otros medios (como la Tv. cubana), como el impresionante ejemplo de Hugo Chávez en Venezuela con su famosa y nueva fuerza política: el “Poder popular” que está para contrarrestar el ejercicio monopólico del poder por parte de los otros poderes, pueda facilitar la participación libre, simétrica y prepositiva de la comunidad política, pero ahora como un derecho exigible y responsable de la base social para ser ella misma ejecutora de su destino. b) como elemento interpretativo que nos sirva para poder diseñar y construir un sistema político futuro con miras a una nueva “cultura política” (à la Isabel Rauber) fincada en la mayor presencia y participación de la comunidad política en las decisiones que finalmente le competen como soberano tomar; lo anterior es ya expresión de una verdadera “construcción del poder desde abajo”, pero que incorpora a la vez que trasciende y fortalece el grito “¡Que se vayan todos!”, como el rugir encolerizado del león indomeñable que dice NO a los valores vigentes, del que nos cuenta Zarathustra, para convertirlo en verdadera fuerza creadora de valores nuevos en un “ejercicio utópico” (como lo expresa Manuel Corral, pero más allá de él) continuo de un santo decir SÍ a lo nuevo a lo Otro y al Otro que tiene que ser resultado de las propuestas y de lo creado por la comunidad política; es decir, que frente a una expresión de soberanía popular por medio de marchas, guerras civiles e incluso revoluciones, es preciso un pensar “hacia dónde ahora para el mañana” (expresado por Guillermo Almeyra). Esto es asunto de todos los involucrados, de todos lo desarrapados del mundo, que viendo al mundo, su vida, su ser, su futuro, siempre como “EL Problema” (como diría Paulo Freire), como algo posible y necesario de transformar, pueda trascender el plano de negatividad que ha sufrido vía la dominación por medio de la fuerza creadora y liberadora del restituirse como sujeto soberano de su destino, del “hacerse cargo de sí” (diría Dussel), como esa flecha que va más allá del hombre y quiere superarle (diría Nietzsche) siempre como “pro-yecto”, como expresión afirmativa del “poder-ser” (como expresara Heidegger, pero como expresamos nosotros ahora más allá de él).
2. PRINCIPIO DE UNA DEMOCRACIA PARTICIPATIVA; FIN DEL POPULISMO AUTORITARIO.
Sin duda a más de uno puede parecerle impertinente semejante título, pero no es del todo ajeno a una realidad histórica: gobiernos populistas fueron explícitamente dictaduras (el de Hitler y hasta Mussolinni al final por ejemplo). Pero más allá de esto, se halla la afirmación teórica e ideológica que quiere ver en una figura providencial, mesiánica, divina, al ser que resolverá todos los problema de una realidad social en crisis y caótica; esto es el trabajo de Alberto Filippi quien rastrea aquellas posturas históricas, fascistas, que quisieron (y digo que es un “querer” pues es asunto de soñar, mas no de ser coherentes con la Historia) ver en Simón Bolívar la imagen de un César, de un déspota que ejercía el poder para tener controlado y en paz al “monstruo”. Y si rascamos un poco más nos podríamos dar cuenta que sistemas populistas terminaros por reivindicar intereses de las clases medias y del capitalismo trasnacional, en vez de afirmar el poder popular como una democracia participativa; “contentar al pueblo, para que nos deje trabajar”. Así también en el fondo le podemos imputar a populismo histórico, pero igualmente a todo sistema actual una postura antidemocrática, fascista, como la que Filippi rescata:
“La democracia es el gran enemigo contra el cual (y para combatir el cual) hay que buscar todas las alianzas posibles, desde la Iglesia hasta los socialistas...” La anti-democracia –explica Filippi- es así relacionada con el “nacionalismo” en cuanto que se sostiene que una nación puede surgir y afirmarse sólo si logra encontrar el hombre fuerte (y providencial) que le “permite superar las degeneraciones del pasado cuando las masas (acéfalas) se dispersaban en acciones confusas”: por ello “el nacionalismo si quiere ser tal, debe ser cesáreo y napoleónico”. (Filippi, A., 1988: 258; Subrayado nuestro).

Ciertamente consideramos que las “democracias” actuales no se pueden caracterizar por esto en referencia a sus jefes de Estado por ser providenciales (“Fox”, ¿digo más?), y ciertamente no desdeñamos a grandes estadistas y libertadores, aunque sí creo que en el fondo esto se expresa en un pensar la política “desde las instituciones”, “desde arriba”, como burocracia partidista y demás, en donde se opta por gobernar de una manera autocrática, pretendiendo personificar a la nación y el pueblo, ignorando a las instituciones y mecanismos democráticos en vistas a la imperiosa voluntad presidencial (Knight, A., 1994: 64) o del “estado de derecho”. Y esto lo confronto con lo que creo que (y esto lo oí en clase como “eje”) puede ser un mejor sistema democrático, que lo sea en verdad, cuando sólo puede “construirse popularmente”, desde abajo, no sólo atendiendo reivindicaciones básicas, sino fundamentalmente luchando por crear los instrumentos necesarios para poder pasar de un “¡Que se vayan todos!”, a un deber saber “lo que sí se quiere”



1 Cfr. El trabajo más reciente del filósofo argentino-mexicano Enrique Dussel, su Política de la liberación (en la página www.afyl.org, en “Curso de Dussel”), en donde expone una redefinición del concepto “Poder” como “voluntades aunadas por consenso”, en donde sólo se puede hablar del “ejercicio del poder” desde la base, desde el pueblo definido gramscianamente como “bloque social de los oprimidos”, en tanto depositarios de la soberanía del Estado y de todas las Instituciones, estructuras políticas todas ellas que “ejercen delegadamente el poder” de una comunidad política en cuanto a un constante “mandar obedeciendo”.